La maldición que está evitando que enganches a tu lector (y cómo quitártela)

Cuando tenía 17 años pasé un mes en Londres estudiando inglés…

El primer día de clases, fui con todos mis nervios al instituto. Yo no hablaba bien inglés. Por suerte, conocí a una costarricense divertidísima que también iba a tomar clases de inglés. Inmediatamente conectamos y nos fuimos después del instituto por ahí. Londres, menos de 20 años, latinas ruidosas. ¿Qué otra opción teníamos?

Pero cuando volví a la casa de Miss Hocking, la señora amable, delgada y con un corte de pelo bob canoso que le daba un aire inglés imposible de superar. Ella y su hermano me estaban esperando para comer con cara de pocos amigos. Habían esperado dos horas sentados a la mesa. Yo nunca me hubiera imaginado que ellos me esperarían.

Y ellos nunca se hubieran imaginado que yo no les iba a avisar si planeaba llegar tarde.

Sufrimos... “la maldición del conocimiento” en primera persona.

Suena tremendo, ¿no?

Y lo peor es que nos pasa muy seguido en nuestros textos.

¿Cómo hacer para evitarla?

Te la explico aquí…

¿Cuál es el problema de comunicación que te lleva a algo así?

Se lo conoce como ¨la maldición del conocimiento¨.

Sucede cuando el que escribe -- o habla -- supone que el que lee está pensando lo mismo.

Tiene en su cabeza exactamente el mismo tema.

Está en la misma página.

Sin darse cuenta que nunca que no lo están entendiendo.

Por ejemplo, tengo una amiga que le encanta ser sarcástica al escribir mensajes de texto. Relaciona lo que dice con alguna charla que tuvimos hace tiempo -- que nunca recuerdo. Y me quedo con la pieza del Puzzle en la mano sin saber a dónde va…

Como si el amargado de siempre no supiera, ¿no?¨

Y empiezo a pensar… ¿De quién habla? ¿Qué amargado? ¿Qué sabe y se hace el que no? -- Finalmente me resigno, sé que sufre de un cuadro agudo de maldición del conocimiento, y respondo un genérico “Jajaja”. Listo.

¿Su mensaje llegó? No.

El que lo escribe lo entiende porque tiene todo el contexto y el objeto en su cabeza. El que lee -- que está manejando, contestándole al hijo dónde exactamente en la mochila está el Tamagochi y pensando qué va a cocinar para la noche no tiene el espacio mental para interpretar algo menos que CLARO.

¿Qué le pasa a tu lector cuando debe interpretar algo no claro?

Se da por vencido al inicio. Los textos poco claros, sin contexto, sin las aclaraciones necesarias provocan una carga cognitiva que no estamos dispuestos a soportar.

Por eso según estadísticas, los visitantes se toman entre 3 y 5 segundos para decidir si se quedan o se van de un sitio web. Si no lo entienden, se van.

Si lo entienden y no les interesa, se van. Pero ese no era tu target. Ahora, si un visitante que forma parte de tu target se va porque no entiende tu sitio web, es una catástrofe. Sobre todo por todo el trabajo que toma que lleguen a tu sitio en primer lugar. Estás tirando dinero al inodoro.

¿Cómo lograr que la maldición no hechice tus textos?

Da a luz un texto claro

Primero, debes intentar conscientemente ser claro al escribir. Ponerte en el lugar de tu lector, considerar dónde está en relación a lo que sabe, y a dónde lo quieres hacer llegar. Y lo tomas de la mano con dulzura, conduciéndolo paso a paso por un camino que tú conoces y él no.

Realiza la prueba de La Siesta

Una vez que termines de escribir, deja descansar el texto. Y vuelve a él unos días después. Y cuando lo leas, piensa en tu lector.

Ponte nuevamente en su lugar e intenta leer tu texto con ojos frescos. Intenta descubrir los aspectos que no entendería. Que solo tú los entiendes porque los escribes con ellos en la cabeza.

Vas a descubrir que muchas modificaciones son necesarias. Es una forma como escritor, de editar tu propio trabajo. Los traductores utilizan la misma técnica. Le dicen “dejar descansar la traducción”.

En el conocimiento empieza la cura

Eso dice Freud. Que cuando descubrimos cuál es el origen de nuestro problema, ya empezamos a curarnos, a mejorar.

Lo mismo pasa con la maldición del conocimiento.

Ahora que conoces que existe, cómo funciona y cómo nos ciega, vamos a empezar a estar atentos y ser capaces de evitarla desde el inicio.

Antes que una situación embarazosa como que te esperen dos horas con hambre, te suceda.

Antes que tus lectores salgan de tu página en menos de 5 segundos.

Ya empezaste a librarte de la maldición….

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