Escribe.

Cierra los ojos y baila escribe como si nadie te pudiera ver.

Deja salir libres las palabras.

Ábrelos y anota. Publica, envía, guarda.

Escribimos para enviar mensajes, para publicar, para llegar a acuerdos… para vender, para convencer, para tener seguidores…

La vida gira en torno a palabras escritas. Y en este blog vuelco lo que voy aprendiendo para escribir mejor…

Marisa

Lenguaje Marketinero vs. Auténtico


El mensaje de “Buen Día” con el que iPhone me roba 3 valiosos segundos por las mañanas es ridículo. Sobre todo porque hasta darme cuenta que es un mensaje automático de una máquina (o varias máquinas), me toma mínimo 30 segundos más.

Yo sé que es un algoritmo. Que como son las 7 de la mañana en mi Zona Horaria y como está configurado en español mi celular, me ponen “Buen Día” en vez de “Good Morning”.

¿Quieren que crea que es un ser humano el que de verdad y de corazón me desea que tenga un día sin cosas malas que me pasen, y más aún que me pasen cosas buenas?

Como en mi ciudad todavía tenemos el corazón de pueblo chico, por la mañana cuando uno se cruza caminando por vereda con otro, el 70% de las veces hay uno le desea un buen día a un desconocido. Es un destello imperceptible en la mirada que nos da la pauta de murmurar cuando uno está cerca “mbuemmdíii” con una bajadita de cabeza. Significa: “buen día, yo vivo, usted vive y que gran coincidencia, vivimos en la misma parte del mundo y durante el mismo período de la historia, y probablemente algún conocido en común tengamos si es que escarbamos muy bien con una conversación de un par de horas, probablemente su abuelo jugaba al fútbol con el mío o mi abuela le vendía botones a la suya, así que que tenga un muy buen día compañero de ciudad pequeña que crece demasiado rápido… sigamos con el legado de saludarnos y que tenga un buen día ¡Para adelante!”.

Ahora, que ese murmullo ininteligible te lo diga un ser humano, es lógico. Que esto te lo diga una cajita que enchufaste toda la noche para que tenga batería es un fantoche marketinero.

Que el ingeniero/manager/leader de iPhone/iOS/Mac/Comunicación/Branding y todos los “genios de marketing” tercerizados, crean que es una gran idea que sus máquinas algorítmicas saluden a sus usuarios como si fuera real, es absolutamente RI-DÍ-CU-LO… culooo… culooo… culooo…. (es que tiro mi queja al ciberpespacio y rebota. Nadie escucha, todos están ocupados copiando al otro y programando el saludito matutino de la máquina que sea, la cafetera, la heladera, el auto, el vibrador –bueno, ese desea “buenas noches”).

¿Por qué el Marketing está lleno de palabras ficticias, falsas, artificiales, embusteras e inexistentes?

Versus la comunicación auténtica. Decir lo que es verdad, y desde ahí convencer al cliente para que lo decimos de corazón, que detrás de todo hay algún humano copado que no desea conquistar el mundo sino hacer su trabajo con buena onda.

Basta de mensajes falsos solo porque los otros lo utilizan

Esos mensajes poco auténticos que parecen que lo dice un vendedor de autos usados, con demasiado gel, aureolas de transpiración en su camisa blancuzca-amarillenta y corbata ancha a rayas inclinadas de colores verde musgo, azul y rojo colegio — igual que el que intenta vender con una sonrisa plastificada y sin brillo en la cara.

“Solo para entendidos”

Ahhh… como yo, que reeee entiendo todo y manejo mejor que el resto, tenés razón zalamero, seguí diciéndome esas cosas lindas que me encantan.

“Porque vos lo valés”

¿Si? ¿de dónde me conocés? ¿o le decís lo mismo a todas?

Ya no se creen más esos mensajes plásticos y falsos. Aunque se utilicen. No sirven. Si las métricas dicen lo contrario, será porque funciona otra cosa, la masividad, la plata que ponen en ads, el endoso de algún famoso divertido. Pero no el mensaje en sí mismo.

De verdad.

Ya esos mensajes no pasan el scanner del aeropuerto mental del consumidor.

Justamente las frases repetidas tantas veces, aunque parezcan ser perfectas en el brainstorming de la agencia –facturado por hora al cliente–, son en realidad las que hacen sonar las alarmas de FAKE al que mira la publicidad o llega al sitio web.

WARNING: “No te están diciendo la verdad. ¿Viste que te dicen lo mismo que los otros?”

El cerebro del consumidor

El auto usado no tiene el motor nuevo.

Los estándares internacionales son los de Burundi.

Me dicen “entendido” para cobrarme el doble.

Valgo mucho (sobre todo para mi mamá), pero es imposible que una crema antiarrugas extremadamente cara lo sepa.

No hay nada de malo en querer vender esos productos o cualquiera –menos cuchillos a los monos y Dulcolax a gente floja de vientre. Pero, es mejor venderlos desde un lugar de autenticidad, y buscándole la vuelta para encontrar el beneficio justo para el cliente adecuado.

El marketing puede caminar más erguido y mirando a los ojos.

El auto puede estar viejito y usado, pero es barato, te va a llevar a todos lados y no va a gastar tanta nafta. Y si de vez en cuando lo tenés que llevar al mecánico, es porque busca llamar tu atención y que le des cariño. Nada que no se solucione con un aromatizante de autos Glade y silicona del supermercado.

El “tope de gama de la línea premium” seguramente tendrá beneficios específicos que me puedan describir, porque “estándares internacionales” ya no dice mucho. ¿Es el mejor entre los productos que ofrecen? ¿Me conviene comprar ese y no el más sencillo? ¿En qué me beneficia exactamente? ¿Ahorro plata, tiempo? ¿Es más seguro?

Y como algo entiendo del producto “para entendidos”, detallame precisamente qué lo hace distinto o bueno, así me entusiasmo yo también. ¿Cuántos taninos? ¿cuántos caballos de fuerza? ¿cuántos megas? ¿De qué colores viene? ¿Cómo va a mejorar mi vida exactamente?

Y como valgo mucho, y mi piel vale mucho para mí, tal vez comprarme una crema con componentes de calidad detallados sea el punto de vista que me convenza, y no una frase repetida 1.342 veces, que perdió el sentido en las últimas 1.341 que dijeron lo mismo.

Hablarle a los clientes es como hablarle a los amigos.

Lo mejor es ir de frente y procurar divertirse cuando estás con ellos (si querés conservarlos).

Y mientras estás ahí con la cerveza en la mano, entre risas y risas, preguntale al techie del grupo cómo se hace para que no te aparezca más el mensaje de “Buen Día” en el iPhone.

Marisa