El mensaje de “Buen Día”con el que te roba 3 valiosos segundos el iPhone por las mañanas es ridículo.

Yo sé que es un algoritmo que como son las 7 de la mañana en mi Zona Horaria GMT+3, y como está configurado en español mi celular, me ponen un “saludo” de “Buen Día” como si fuera un ser humano que pasa caminando por la calle y mira tímidamente a los ojos evaluando si va a haber saludo con el otro que pasa caminando por la vereda en dirección opuesta. Como en mi ciudad todavía tenemos el corazón de pueblo chico, el 98% de las veces hay un imperceptible destello de confirmación y cuando estamos a un metro (metro y medio en la era del Co-bicho), uno murmura en un enrriedo de lengua “mbuemmdíii” con una bajadita de cabeza. Significado: “buen día, yo vivo, usted vive y que gran coincidencia, vivimos en la misma parte del mundo y durante el mismo período de la historia, y probablemente algún conocido en común tengamos si es que escarbamos muy bien con una conversación de un par de horas, probablemente su abuelo jugaba al fútbol con el mío o mi abuela le vendía botones a la suya, así que que tenga un muy buen día compañero de ruta… sigamos con el legado ¡Para adelante!”. Ahora, que ese murmullo ininteligible te lo diga un ser humano, es lógico. Que esto te lo día una cajita que solo funciona a batería y uno sentirse por algún motivo bien, o que el ingeniero/manager/leader de iPhone/iOS/Mac/Comunicación/Branding (o los peores, los “genios de marketing”), crean que es una gran idea que sus máquinas algorítmicas saluden a sus usuarios como si fuera algo de todo eso fuera real, es absolutamente RI-DÍ-CU-LO… culooo… culooo… culooo…. (es que tiro mi queja al ciberpespacio y rebota… nadie escucha, todos están ocupados copiando al otro).

Y esto me lleva a pensar en el lenguaje del Marketing. Ese lleno de palabras ficticias, falsas, artificiales, embusteras… inexistentes. Sip, la perdición… el destino amargo: INEXISTENTE. Tanto tiempo maquinando qué palabras exactas poner sobre una hoja, o pantalla en blanco y al final, es como si fuera inexistente.

Versus la comunicación auténtica. Decir lo que es verdad, y desde ahí convencer al cliente para que nos compre.

“Estimados clientes,
Mediante la presente queríamos informarles sobre las nuevas características de nuestro producto Que Nadie Sabe Para Qué Sirve, tope de gama de línea Premium con estándares internacionales…” —Sonás como experto pero nadie entiende de qué ca… rayos y centellas estás hablando

“Solo para entendidos” — Ahhh… como yo, que reeee entiendo todo y manejo mejor que el resto, tenés razón zalamero, seguí diciéndome esas cosas lindas que me encantan.

“Porque vos lo valés” —¿Si? ¿de dónde me conocés? ¿o le decís lo mismo a todas?

Esos mensajes poco auténticos que parecen que lo dice un vendedor de autos usados, con demasiado gel, aureolas de transpiración en su camisa blancuzca-amarillenta y corbata ancha a rayas inclinadas de varios colores verde musgo, mustios y cansados –igual que el que intenta vender con una sonrisa plastificada y sin brillo en la cara.

Ya no se le cree.

De verdad.

Ya esos mensajes no pasan el scanner del aeropuerto mental del consumidor.

Yo les creemos ni a los vendedores de baratijas, ni a las frases repetidas tantas veces que, aunque parezcan ser las adecuadas en el brainstorming de la agencia –facturado por hora al cliente–, son en realidad las que hacen sonar las alarmas de FAKE al que mira la publicidad o llega al sitio web.

WARNING: “No te están diciendo la verdad. ¿Viste que te dicen lo mismo que los otros?”

El auto usado no tiene el motor nuevo.

El tope de gama de la línea premium cumple con estándares internacionales de Burundi.

Te cobran el doble sólo por llamarte “entendido” y que te sientas bien.

Y valgo mucho, sobre todo para mi mamá, pero es imposible que una crema antiarrugas extremadamente cara lo sepa.

No hay nada de malo en querer vender esos productos o cualquiera –menos cuchillos a los monos y Dulcolax a gente floja de vientre. Pero, si se vende desde un lugar de sinceridad, con un mensaje auténtico, y buscándole la vuelta para encontrar el beneficio justo para el cliente adecuado, el marketing puede caminar más erguido y mirando a los ojos.

El auto puede estar viejito y usado, pero es barato, te va a llevar a todos lados y no va a gastar tanta nafta. Y si de vez en cuando lo tenés que llevar al mecánico, es porque busca llamar tu atención y que le des cariño. Nada que no se solucione con un aromatizante de autos Glade y silicona del supermercado.

El “tope de gama de la línea premium” seguramente tendrá beneficios específicos que me puedan describir, porque “estándares internacionales” ya no dice mucho. ¿Es el mejor entre los productos que ofrecen? ¿Me conviene comprar ese y no el más sencillo? ¿En qué me beneficia exactamente?

Y como algo entiendo del producto “para entendidos”, detallame precisamente qué lo hace distinto o bueno, así me entusiasmo yo también. ¿Cuántos taninos? ¿cuántos caballos de fuerza? ¿cuántos megas? ¿De qué colores viene? ¿Cómo va a mejorar mi vida exactamente=

Y como valgo mucho, y mi piel vale mucho para mí, tal vez comprarme “una crema igual de valiosa” sea el punto de vista que me convenza, y no una frase repetida 1.342 veces, que perdió el sentido en las últimas 1.341 que dijeron lo mismo.

Hablarle a los clientes es como hablarle a los amigos.

Y lo mejor es ir de frente y procurar divertirse cuando estás con ellos.

(Y mientras estás ahí con la cerveza en la mano, entre risas y risas, preguntarle al techie del grupo cómo hacés para que no te aparezca más el mensaje de “Buen Día” en el iPhone)

Marisa

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