Escribe.

Cierra los ojos y baila escribe como si nadie te pudiera ver.

Deja salir libres las palabras.

Ábrelos y anota. Publica, envía, guarda.

Escribimos para enviar mensajes, para publicar, para llegar a acuerdos… para vender, para convencer, para tener seguidores…

La vida gira en torno a palabras escritas. Y en este blog vuelco lo que voy aprendiendo para escribir mejor…

Marisa

El enemigo del escritor


El enemigo del escritor es el tiempo.

Y cuando nos damos cuenta de eso, la resistencia no tiene forma de ganar la batalla.

Yo después de treinta años de ferviente lectora de todo lo que se me cruzaba, empecé a juguetear con la idea de escribir. ¿Y qué hice? ¡Me puse a estudiar! O sea, seguía sin escribir. Necesitaba a mi entender, un papel, diploma, certificado, emitido por algún gordo-viejo-pelado con corbata demasiado gruesa y juicios de igual tenor, que me aprobara la osadía de agarrar un papel y un lápiz o un Google Docs y un cursor titilante y me largara a ser feliz.

Tonterías todas de cerebros con demasiados andamios. No me juzgo ni culpo a otros. Es lo que esa y ahora a ver qué hago con lo que tengo.

Y lo que tengo es media vida ya vivida. Con suerte. La mitad del reloj de arena ya pasó. Y me encuentro con que mi carrera es contra el tiempo. Ya no es enfrentarme a la página en blanco. Enfrentarme a mis miedos e inseguridades. Enfrentarme a la resistencia, que tan bien describe Steven Pressfield.

Mi gran batalla es contra el tiempo.

Y en esa urgencia, lograr producir, sacar de adentro, inventar, lo que sea que pueda, quiera o deba.

Basta de esperar las musas. Basta de esperar los permisos. Basta de esperarse a uno mismo.

A mover los dedos y a poner palabras en lazadas de esa forma que solo nosotros y no otro podrá hacerlo.

¿Y si no somos Borges, Agatha o Hemingway?

¿Importa?

Benditos ellos. Y benditos también nosotros. Y bendita la diferencia. En este todo al que formamos entre todos, cada uno aportará lo suyo.

Y vamos, que se acaba el tiempo.